Son las 6:30 de la mañana, suena el despertador y vuelvo a sentir unas ganas horribles de lanzarlo por la ventana. Pienso como todas las mañanas "ayer debí irme a la cama antes".
Me acerco al aseo, me echo agua en la cara. Me visto, desayuno mientras veo las noticias, hago la cama. Dormido me acerco al tren, media hora después tomo el autobús de la empresa. Son las 8:20, llego dormido a trabajar y renegando de vivir tan lejos del trabajo.
Me despierto tras otro café y me entretengo con mis números, swaps, leasing, mi amado Euribor,préstamos,el correo siempre lleno y el teléfono siempre sonando. 6 horas después mientras como, hago repaso de las tareas pendientes y se que hoy también perderé el autobús de la empresa para volver.
Aunque ya tenemos jornada intensiva, para mí no existe tal horario porque vuelvo a perder el autobús, son las 17:30 y me toca ir andando hasta una boca de metro. Maldito calor.
Bajo del metro, cojo un tren, bajo de ese tren y cojo otro. Voy intentando hacer un Sudoku que no fui capaz de hacer por la mañana, después de darle unas cuantas vueltas tacho en el periódico donde pone "nivel: Difícil" y escribo "Imposible". Salimos del túnel y los teléfonos empiezan a sonar.
A un lado del vagón:
- Hola cosita!! dime
-(...)
-Si?, luego te veo entonces. un beso.
Justo a mi lado:
- Hola!!
-(...)
- Hoy tengo una sorpresa para tí.
-(...)
- Ya lo verás (jajaja) luego te llamo.
-(...)
- Otro para tí.
Al fondo del vagón:
- Amor!
-(...)
- Pues durillo, tengo unas ganas de llegar a casa.
-(...)
- Si para verte también, pero sobre todo para quitarme estos zapatos que me están matando. jajaja.
-(...)
- Muy bien, yo subo la cena. Te quiero.
Miro mi teléfono, aún sigue sin cobertura. Quedan un par de paradas para mi destino y algún que otro teléfono sigue sonando. Vuelvo a mirar el mío, ya tengo cobertura pero nadie me ha llamado.
Salgo del tren, paso los torniquetes, salgo de la estación y enciendo un cigarro, aún me quedan 10 minutos bajo el sol.
Vuelvo a mirar el teléfono: nada. Lo vuelvo a meter en el bolsillo, me desabrocho un botón más de la camisa. Una anciana me sonríe al verme pasar, mientras habla por teléfono a la sombra de un arbol.Son las 19:00, ya casí estoy en casa. Camino con los brazos caídos y el alma derretida, apagada y fuera de cobertura.
Que duro es saber que nadie te va a llamar.





